
El alcohol es absorbido por el aparato digestivo tras su ingesta y de ahí pasa al torrente sanguíneo donde puede permanecer hasta 18 horas. Es eliminado mediante el hígado. La presencia continuada de alcohol en el organismo y su consumo repetido causa la mayoría de las lesiones que esa sustancia produce en nuestro cuerpo: cirrosis hepática o encefalopatías, donde el funcionamiento del hígado y del cerebro se ve seriamente afectado.
Poco tiempo después de haber bebido, aparecen sus efectos, según la cantidad ingerida y las características personales. Por orden de aparición en el tiempo y relacionado con la concentración de alcohol en sangre, estos efectos serían los siguientes:
- Desinhibición.
- Euforia.
- Relajación.
- Aumento de la sociabilidad.
- Dificultad para hablar.
- Dificultad para asociar ideas.
- Descoordinación motora.
- Intoxicación aguda.
En los casos donde la concentración en sangre de alcohol alcance o supere los 3 gramos de alcohol por litro, pueden aparecer apatía y somnolencia, coma o incluso muerte por parálisis de los centros respiratorio y vasomotor.

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