La ketamina es un anestésico sintetizado en 1962 que se usa actualmente con fines médicos y en veterinaria, presentándose en forma de líquido inyectable. En la calle, se puede encontrar como líquido, polvo, cristales, pastillas o cápsulas, y se conoce popularmente como "special k". En otras ocasiones puede estar mezclada con otras sustancias.
Sus efectos dependen de la composición, de la dosis, el contexto donde se consuma y las características del consumidor. A dosis bajas, produce efectos similares a los de borrachera por alcohol. A dosis altas puede provocar un "viaje" muy intenso, con delirios, pseudoalucinaciones, pérdida de la noción del espacio y del tiempo y distorsión de la realidad. Algunas personas se ven fuera de su cuerpo o piensan que han muerto o van a morir de manera inmediata.
Es una sustancia muy peligrosa que puede provocar ansiedad, paranoia y paros respiratorio y cardíaco, e incluso, consumos mínimos pueden producir sobredosis.
Su consumo habitual produce alteraciones en la memoria, en la concentración y deterioro de las habilidades del individuo.
La ketamina tiene un elevado riesgo de adicción y una rápida tolerancia. Su combinación con alcohol u otras drogas aumenta el riesgo de sufrir depresión respiratoria, episodios de síncope o paro cardíaco. La mezcla con psicoestimulantes y/o alucinógenos puede provocar una reacción impredecible y muy peligrosa.

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